Iglesias y parroquias de Madrid

por José Félix de Vicente y Rodríguez, Arquitecto Asesor General para el Patrimonio Cultural de la Diócesis de Madrid

PARROQUIA DE SANTA MARÍA

   Existen algunas opiniones de diversos autores, sobre la existencia de una Iglesia Visigoda que se elevaba en el siglo VII, sobre el cerro que domina el Barranco de las Fuentes de San Pedro, y que bajo la dominación musulmana, sirvió de base para la transformación en la Mezquita del Ribat de Mayrit, y que se alzaría en los aledaños de la puerta de la muralla de la cual tomaría su nombre. La existencia de la lápida funeraria que señalaba el enterramiento del Presbítero Dominicus, encontrada en el claustro de la Parroquia de Santa María, y fallecido en el 735, corraboraría estas hipótesis, así como confirmaría la devoción a la Inmaculada Concepción como afirmaba San Idelphonso.

   De su condición de Templo Visigodo, deducimos que sus trazas se corresponderían con la de una planta de tres naves de tipo basilical, con crucero y transepto, cerrando su presbiterio un abside plano, al modo de las erigidas en Castilla por Ramiro I.

   Con la conquista de Alfonso VI, la Mezquita sería consagrada de nuevo a Santa María, con la advocación de la Almudena, debido a su milagrosa aparición en un cubo de la muralla. Debido a ente Monarca se inicia paralelamente la devoción a Nuestra Señora de la Flor de Lis, pintura al fresco, siguiendo el gusto francés. En 1638 con la edificación del nuevo templo, el fresco sería trasladado a los pies del templo junto a la Capilla Bautismal .Para el culto y cuidado de esta Iglesia, se nombró un Cabildo, debido a su consagración como Colegiata, que justificaría la existencia de un claustro. Costeado por el propio Rey el magnífico Retablo Mayor, se entronizó en él a Santa María, así como donó numerosos y ricos ornamentos, cálices y lámparas En su cara septentrional se elevó un Monasterio regido por el Cister, que se alinearía con las casa de los Monzón. Según documentos del archivo de la Primada de Toledo, el Arzobispo Don Gonzalo de Palomeque, obtuvo del Pontífice Bonifacio VIII, la Bula de extinción de la Colegiata, devolviéndola a su jurisdicción parroquial.

   En 1436, Don Rodrigo de Herrera funda la primera capilla dedicada a Santa Ana, en la nave del Evangelio, siguiéndola en 1491, la fundada por Don Fernán González Monzón, miembro del Consejo de los Reyes Católicos y Regidor de la Villa, dedicándola a San Isidro. Posteriormente en 1542, lo haría la familia de los Bozmedianos, que con el tiempo, su capilla, sería presidida por un magnífico lienzo de la Inmaculada Concepción obra de Lucas Jordán.

   En el 1640, se fundó la Congregación de la Esclavitud de Nuestra Señora de la Almudena, siendo sus primeros Hermanos el Rey Felipe IV, su esposa Isabel de Borbón y el Príncipe Baltasar Carlos.

   En el ático del magnífico retablo de Nuestra Señora, se albergaba una de las más bellas obras salidas de los pinceles de Alonso Cano: ” El milagro del pozo se San Isidro “, hoy día en el Museo del Prado.

   Con motivo de la regularización urbanística del entorno de la Calle Mayor, en 1870 es derribada la Iglesia, pasándose la Talla de Nuestra Señora, así como de todos sus bienes muebles, al cuidado y custodia del vecino Monasterio Cisterciense de las Bernardas del Sacramento.

PARROQUIA DE SAN ANDRÉS

    Situada entre la Plaza de los Carros y la Costanilla de San Andrés, la muy antigua y de noble abolengo, alzaba sus muros la segunda parroquia citada en el Fuero de Madrid. En su cementerio anejo a ella fue enterrado San Isidro a comienzos del Siglo XII (1130?).Cementerio que en los días de hoy ha quedado al descubierto en las prospecciones arqueológicas realizadas con motivo de la restauración de la Capilla del Obispo Don Gutiérre de Carvajal y Vargas, segundo hijo de Don Francisco de Vargas, tesorero de los Reyes Católicos. Capilla adscrita a la Basílica de San Juan de Letrán.  La parroquia, fue Capilla Real de los Reyes Católicos, aposentados a la sazón en el Palacio de los Lasso de la Vega.

   El primitivo templo, que según algunos historiadores fue levantado sobre el solar de una antigua Mezquita, estaba orientado al Oriente, paralelo a la orientación de la Capilla del Obispo. El presbiterio se remataba con una cabecera poligonal cubierta por terceletes en cuyas claves figuraba el escudo de los Reyes Católicos.

   En 1593, se solicita por parte de la Corona, al Pontífice Clemente VIII, la canonización del glorioso San Isidro, al descubrirse sus restos, junto con un “palo tosco y recio de la aguijada del Santo” y atadas a las muñecas ” una bolsa encarnada “conteniendo algunas reliquias.

  En 1657 se toma la decisión de cambiar la orientación de la Iglesia, con motivo de la erección de un nuevo templo, en el que se incluía una espléndida capilla donde reposaran al culto los restos de tan insigne y recién estrenado Patrono, cuya canonización se había celebrado en 1622. Siendo Corregidor de la Villa D. Francisco Arévalo y Zuazo, se convocó un concurso de trazas, con motivo de ser elegidas aquellas que mejor dignificasen los venerados restos. Fueron convocados los mejores arquitectos entre los que acudieron: Fray Francisco Cabezas, Fray Lorenzo de San Nicolás, Miguel del Valle, Cristóbal Colomo, Pedro de la Torre y Juan Gómez de Mora. Las trazas seleccionadas fueron las de Pedro de la Torre, siendo continuadas por Gómez de Mora. La primera piedra fue puesta el 12 de Abril de 1657, comenzando las obras tras derribarse las antiguas fábricas. La obras fueron concluidas en el mes de Abril de 1669, con el cerramiento de su cúpula encamonada obra de Simón de Vega.

   En el exterior, la magna capilla, se alberga en un portentoso cubo de aparejo enladrillado, con dobles pilastras de Orden Corintio en piedra granítica en las esquinas, todo sobre un basamento igualmente de piedra berroqueña. Este cuerpo se remata con un entablamento en saledizo sobre ménsulas graníticas pareadas, al gusto barroco madrileño, rematado con una cornisa volada que se corona con un peto, a modo de antepecho, labrado en piedra con motivo de roelos vegetales y flanqueando sus esquinas , unas pirámides rematadas en bolas, igualmente emparejadas . El segundo cuerpo está formado por un tambor octogonal en fábrica de ladrillo, con hornacinas alternando con grandes ventanales, coronado todo el conjunto con el trasdós empizarrado de una cúpula encamonada, que como se ha referido anteriormente, fue obra de Simón de Vega.

   En los paramentos exteriores de esta Capilla, orientados respectivamente uno, al Naciente y el otro al Poniente, se sitúan cuatro puertas cuyas trazas se deben a Juan Lobera. Dos de ellas, de mayor relevancia, se abren en un vano pentagonal que se adornan con una movida cornisa sobre columnas pareadas de Orden Compuesto, y que se barroquiza con una serie de elementos arquitectónicos de pilastras, hornacinas y pináculos que a su vez cobijan una serie de efigies mitológicas. En el centro del vano se localizan sendos tarjetones, uno el correspondiente a la puerta que se abre a la Costanilla, con motivos de un milagro de San Isidro. Sobre éste una bella imagen de Santa María. En el lado opuesto, se representa el milagro del pozo y se remata con una escultura de San Andrés obra del portugués Manuel Pereira.

   El interior de esta Capilla, revestida con mármoles y jaspes obra de Lobera. Aparecía enriquecida con pinturas de Francisco de Ricci, Juan Carreño de Miranda y Alonso del Arco. Tarjetones de bronce de Erasmo De Norbec  y los espléndidos estucos policromados de Carlos Blondel y Francisco de la Viña. Las esculturas corrieron a cargo de Juan Ron y Raymundo Capuz. Bajo esta cúpula y centrado en la capilla, se alzaba el majestuoso baldaquino que cobijaba la imagen del Santo, obra de Juan Lobera. Como centro espiritual de todo este conjunto, el Arca Mosaica del siglo XIII que contenía los restos del Santo Patrono.

   El Rey Carlos III, decide pasar las reliquias de San Isidro a la recién fundada Real Colegiata, en el Templo, dedicado a San Pedo Y San Pablo, del Colegio Imperial, tras la expulsión de los Jesuitas de sus reinos.

   El pavoroso incendio, consecuencia de la “Contienda Nacional”, dio por desaparecido, pasto de las llamas, este barroco y espléndido Patrimonio Madrileño.

   En la actualidad, este Conjunto Parroquial, ha sido recientemente restaurado por el arquitecto D. Javier Vellés.

 SAN PEDRO EL VIEJO

    En el corazón del Madrid de los Austrias, asentada entre la Calle del Nuncio, la Plazuela de San Pedro y la Calle de Segovia, se alza la Real Parroquia de San Pedro (en la actualidad ” El Viejo”), aunque al parecer, su primera ubicación se localizaba  en el entorno de Puerta Cerrada. Emparejada con San Nicolás de los Servitas, ambas ostentan la mayor antigüedad de los Templos madrileños que conserva el Patrimonio de la Real Villa… La actual localización  es debida al Rey Alfonso el Onceno, que con motivo de la Toma de Algeciras en 1345, decidió el cambio de ubicación y el levantamiento de un nuevo templo, elevando sus fábricas sobre la antigua Mezquita de la Morería, donde se habían asentado los musulmanes mudéjares, tras la conquista cristiana, en la margen derecha del Barranco de las Fuentes de San Pedro.

   Sus trazas se corresponderían con el gótico mudéjar de ladrillo, de las que resta la esbelta torre y una Capilla de tracería gótica, que fue propiedad de la familia de los Lujanes, debido a que en el Siglo XVII, quizá por su estado ruinoso, siendo párroco D. Laurencio Reinoso, se completó con nuevas edificaciones, revistiendo de un forro barroco las antiguas fábricas mudéjares, concluyéndose las nuevas obras en 1675.

   El Templo actual, obra de Francisco Sanz, presenta una planta basilical, con la peculiaridad, de la excentricidad de la cabecera con respecto al eje de la nave. En el interior se presentan unas naves de escaso desarrollo rematadas, la de la Epístola con la Capilla gótica de los Lujanes y la del Evangelio con la Capilla dedicada al Santísimo Cristo de la Lluvias. La nave se cubre con una falsa bóveda de cañón realizada en estucos y yesones, con tramos entre fajones, donde se abren sendos lunetos que albergan las ventanas. La bóveda se sostiene mediante pilastras rematadas con capiteles dóricos, sobre las que corre un gran cornisamiento. Sobre el crucero se eleva una pequeña y falsa cúpula elíptica sobre pechinas, rematándose la Capilla del Evangelio con otra falsa cúpula estucada, esta vez de desarrollo semiesférico.

   Durante la Guerra del 36, el Templo fue asaltado, perdiendo gran parte de su Patrimonio , pudiéndose recuperar el retablo mayor, donde se alberga un óleo con el martirio de San Pedro, obra del suizo Juan Bautista Caturnio , realizado en 1771, y dos óleos con San Francisco de Asís y Santa Isabel de Hungría, posiblemente de la escuela de Vicente Carducho. En la actualidad preside el retablo una imagen de candelero de la Inmaculada Concepción, obra de finales del Siglo XIX.

   Filial de la Concatedral de San Isidro y Parroquia del Buen Consejo, mantiene una de las devociones más arraigadas en el pueblo madrileño: se trata de Jesús Nazareno ” El Pobre”, obra sevillana del Siglo XVIII, salida de las gubias de Juan de Astorga. Devoción fomentada a partir del 1812 por la donación de la Duquesa de Santisteban y Medinaceli, tras su traslado al Templo de San Pedro, procedente del Palacio de Pilatos de Sevilla.

   Debido a su lamentable estado, tras la afrancesada, en el Siglo XIX se traslada la Parroquia a un nuevo Templo eclecticista de carácter neomudejar, en el 1891,  asentándose en el castizo barrio de la Paloma, pasando a denominarse ” San Pedro el Real ” y a la antigua Parroquia se la denominó como ” San Pedro el Viejo”.

SAN JUSTO

  Situada en la calle que ostenta su nombre, en pleno Barrio de los Austrias, sus fábricas fueron sustituidas por las actuales, a causa del pavoroso incendio acaecido en el Siglo XVIII. Fusionada con la también desaparecida de San Miguel de los Octoes, que anteriormente lo fue a la de San Salvador, y que estuvo ubicada en la Plazuela de San Miguel hasta su derribo por la afrancesada. En la actualidad, en su solar se levanta la Basílica Pontificia de San Miguel, Sede de la Nunciatura Apostólica.

   El templo actual que debe sus trazas al arquitecto Giacomo Bonavia, erigido y costeado a expensas del Cardenal Infante D. Antonio Luis de Borbón y Farnesio, comenzaron sus obras en 1739. De aspecto italianizante en todos sus elementos, presenta una bella fachada convexa rematada en dos torres gemelas, elevándose todo el conjunto sobre una escalinata curva. Esta espectacular fachada, articulada en tres cuerpos magistralmente ordenados por medio de pilastras de Orden Dórico en su primes cuerpo, alternando con el cuerpo intermedio que lo hará con un elegante Orden Jónico. Se rematará esta espléndida fachada, con dos torres gemelas coronadas por sendos campanarios de un refinado diseño barroco. En el primer cuerpo de esta escenográfica fachada, se abre la majestuosa puerta rematada por un gracioso dintel con orejones sobre jambas de granito; puerta que se nos muestra flanqueada por dos hornacinas en las que se albergan sendas estatuas: la de Caridad, correspondiendo con la hornacina derecha, ocupando la izquierda, la estatua de la Fortaleza. Ambas Virtudes se deben a la mano de Roberto Michel. Sobre la puerta un bello medallón con el martirio de los Santos niños, obra de Bartolomeo Carisana. Un gran ventanal se centra en el segundo cuerpo y que igualmente se encuentra flanqueada por sendas hornacinas donde se albergan las esculturas de la Fe y de la Esperanza, obras de Carisana.

   El interior que se corresponde con una planta en cruz latina, nos muestra la magnífica maestría del arquitecto, dotando a la nave de un barroco movimiento, para lo que se sirve de unos paramentos cóncavo-convexos alternando con las capillas laterales, cubriéndose la misma con unas bóvedas vaídas entre fajones cruzados. El crucero que se cubre con bóveda de desarrollo elíptico sobre pechinas, se completa con dos retablos situados en los testeros del transepto. La Capilla Mayor, de desarrollo en planta igualmente elíptica, se cubre con una bóveda de cascarón de idéntico desarrollo. Toda esta Capilla centra su atención en un gran cuadro de medio punto en el que se representa a  San Miguel venciendo a Lucifer, obra de Alejandro Ferrán, pintor del XIX, y que sustituyó al óleo del mismo formato que con el tema del martirio de los Santos Niños, San Justo y San Pastor, era obra de José del Castillo. Este espectacular óleo se corona con dos ángeles con filacterias obra de Pedro Hermoso, así como sendos medallones con los bustos de Cristo y la Virgen, obras del mismo autor. El altar y el Tabernáculo pertenecían a la antigua Iglesia de San Miguel de los Octoes.

   Todas  las bóvedas fueron pintadas al fresco por los hermanos González Velázquez, rematando todo el conjunto una magistral decoración de estucos de imitación marmórea, que dota a todo el conjunto de una fastuosa grandiosidad.

   Es de destacar dentro del patrimonio que custodia esta Basílica , la soberbia imagen del Crucificado de la Fe y el Perdón, obra del vallisoletano Luis Salvador Carmona , al igual que la talla de Santa Librada y un San Pascual obra de Juan Pascual de Mena.

   En el año 1890 la Parroquia de los Santos Niños Justo y Pastor se trasladó a la Iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas, muy cerca de la Plaza del dos de Mayo esquina con la Calle de la Palma.

SAN SALVADOR Y SAN NICOLÁS

  En la Plazuela de San Nicolás, en un tiempo estuvieron allí reunidas las dos Parroquias. Debido al estado ruinoso del Templo, en el 1825, se donó a la Orden de los Servitas, trasladándose la parroquialidad a la vecina Iglesia de San Salvador.

   La Iglesia del Salvador, de origen incierto, aunque existen datos que indican que los primeros libros parroquiales se remontan al año de 1490. Su ubicación se situaba localizada en la Calle Mayor frente a la hoy Plaza de la Villa. Su esbelta torre, vulgarmente llamada la atalaya de la Real Villa, estaba dotada de un reloj costeado por el Consejo, quién gratificaba al sacristán para que tocase las campanas en caso de incendio, y que regía la vida consuetudinaria de la Villa, marcando las horas y los canonicales toques a Maitines y Vísperas. Su toque de difuntos marcaba las luctuosas efemérides y óbitos, haciéndose a veces eco del cercano campanillo de la Inquisición. Sobre el pórtico de esta Parroquia de ubicaba una Sala Capitular, que durante años sirvió de sala de Consejos de la Municipalidad de la Villa.

   En 1890 se estableció su parroquialidad junto con la de San Nicolás en el antiguo Hospital de  Antón Martín situado en la Calle de Atocha, perteneciente a los Hermanos de San Juan de Dios y que había sido reconstruido en el 1789, dotado de gran valor artístico, perdido en el incendio del 20 de Julio del año 1936. Sobre el mismo lugar se ha procedido a levantar un nueva Iglesia que fue bendecida por el Patriarca de las Indias y Obispo de Madrid. D. Eijo Garay. Hoy día Templo Parroquial de San Salvador y San Nicolás.

SAN NICOLÁS

  Este Templo situado entre la Plaza del Biombo, su pasadizo y la Plazuela dedicada a San Nicolás, aledaña al antiguo Cuartel de Alabarderos, y que junto al de San Pedro el Viejo, son considerados los más antiguas de la Villa, enarbolando cada una de ellos las dos torres mudéjares que son el orgullo de la Real Villa de Madrid.

   Dedicada a San Nicolás, Obispo de Mitra, aunque algunos autores quieren datar sus orígenes en torno al Siglo IV, más concretamente en el año 382; su origen data del Siglo XII. Albergada cabe los muros del recinto amurallado de la Villa, ubicada en el corazón de un barrio ocupado en buena vecindad por cristianos y mudéjares, enarbola la torre mudéjar  más antigua de Madrid. En el Siglo XVIII sufre una consolidación y restauración debido a lo peligroso de su estabilidad, y al que se debe el remate del chapitel empizarrado tan típicamente madrileño.

   Siguiendo los avatares de su homónima de San Pedro, en el siglo XIX, tras su amenaza de ruina es pasada su feligresía a la vecina del Salvador. Durante la afrancesada fue cuartel, pasando posteriormente a los alabarderos. Fue albergue de los realistas voluntarios y depósito de milicianos provisionales, hasta que la Orden Tercera de los Siervos de María, la adquirieron en 1825. Restaurada la torre y parte de sus fábricas tras un incendio acaecido en 1912, fue sometida a una integral restauración a partir del 1948, concluyéndose su intervención en la década de los ochenta.

   En el exterior presenta una arquitectónica macla de volúmenes, destacando, al margen de su espléndida torre, dos chapiteles barrocos empizarrados y emplomados, correspondientes a las Capillas de la Virgen Misionera y a la del Titular. En sus fábricas exteriores alternan los paramentos enladrillados con las mamposterías, reservándose los sillares de granito para las partes más nobles, como la portada. Bella obra del XVIII abierta a la Plazuela, orlada con moldurones acodados y rematada con un frontón partido que se remata con florones, guirnaldas y querubines en granito como el resto de ella, presidiendo todo el conjunto un bello relieve de San Nicolás, obra de Salvador Carmona. Hacia el Pasaje del Biombo, opuesta a la anterior, se abre una segunda puerta, correspondiente al lado del Evangelio, solucionada bajo un arco granítico de medio punto entre guarnición de dovelas resaltadas, igualmente realizadas en granito. El conjunto se remata con un sencillo balcón.

   El interior presenta una planta de tres naves, destacando la diferencia de sus tamaños y alturas, dando paso a una cabecera pentagonal un gran arco de herradura apuntado y engrelado, que se cubre con nervaturas góticas, así como la nave lo hace con un artesonado de aparejo mudéjar, cuyos pares descansan sobre ménsulas con decoración renacentista del XVI; sus extremos aparecen decorados con una bella labor de lacería.

   Preside el Altar Mayor una soberbia imagen de Nuestra Señora de los Dolores, anónima del Siglo XVIII. A la derecha del mismo, el paso al Convento queda enmarcado por un alfiz de yeserías renacentistas con decoración de motivos vegetales, en el que se abren tres pequeñas hornacinas que a su vez albergan dos pequeñas tallas de San Pedro y San Pablo en las laterales, reservándose la central sobre la puerta, para una bella inmaculada de corte granadino con sabor Canesco.

   A los pies de la nave de menor tamaño, correspondiente al lado de la Epístola, se localiza una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, vulgo la ” Misionera” por su peregrinación en rogativas por distintas Parroquias de la Villa, obra de Valeriano Salvatierra. Esta Capilla anteriormente dedicada al Santísimo Cristo de Burgos y realizada por Sebastián de Pineda, guarda en su interior un bellísimo busto de una pequeña Dolorosa obra de Pedro de Mena, así como la talla de un Arcángel San Miguel atribuido al taller de la Roldana. La Capilla dedicada a San Nicolás, obra igualmente de Sebastián de Pineda, se venera un busto de Ecce- Homo, obra de Nicolás Bussy.

SAN JUAN Y SANTIAGO

  En la Plaza de Ramales, abierta por el Rey José Bonaparte en el extremo Sur de la hoy Plaza de Oriente, y según puede observarse en los restos arqueológicos aparecidos con motivo de la construcción del aparcamiento en la misma Plaza, se levantaba uno de los Templos más antiguos de Madrid: La Patriarcal de San Juan Bautista. Consagrada solemnemente en Junio de 1254 por el Obispo de San Silvés, según el Rito Católico. Por documentos referentes a un tema sobre dos Diáconos fechados en 1257, tenemos ya noticias de la existencia de la cercana Parroquia de Santiago, ésta consagrada según el Rito Arriano.

   El hecho que sobre el dintel de la puerta de acceso al Templo se localizaran tres piedras redondas con distintos signos grabados: en la de la izquierda un Cordero con su bandera, la del centro con una Cruz y la de la derecha con el anagrama del nombre de Cristo en letras griegas, alentaron la fantasía de algunos autores que aseguraron fue erigida por un Emperador de Oriente, debido a que dichos signos se corresponderían con los que se mostraban en los estandartes imperiales del Emperador Constantino.

   Ambos Templos, que se alzaban con cierta proximidad, se decía que rivalizaban con sus altas y esbeltas torres, rematadas en su día con sendos chapiteles empizarrados y emplomados, al uso madrileño.

   El Templo de San Juan, era de reducidas dimensiones, como se aprecia en los restos arqueológicos de su planta, trasdosada en el pavimento de la Plaza de Ramales. En el Retablo Mayor se albergaban imágenes de D. Feliciano de Castro, con óleos de Carreño Miranda representándose en uno de ellos el Bautismo de Cristo y el brindis de Herodías  en el otro. Un magnífico óleo de Claudio Coello con la Presentación de Nuestra Señora y la venerable imagen de Nuestra Señora del Socorro, completaba su Patrimonio.

   En el 1606 se le agregó la feligresía de San Gil y hasta 1639 fue Parroquia de Palacio. En 1774, se estableció la Congregación de Nuestra Señora de la Esperanza, llamada popularmente del ” Pecado Mortal” de la que fue Cofrade Mayor Felipe V. Independiente del Culto y Rogativas al Santísimo, dedicaba gran parte de su misión en encauzar la vida de mujeres perdidas y regularizar la vida de los que la vivían ilícitamente.

   La Patriarcal junto con su vecina de Santiago cayeron bajo la piqueta, en la reordenación urbanística del entorno del Palacio, promovida por el Rey José I. En esta Parroquia fue depositado el cuerpo de Velázquez y de su esposa, en los enterramientos cedidos por el Conde de Fuensalida

 PARROQUIA DE SANTIAGO Y SAN JUAN.

   La actual Parroquia de Santiago, fue erigida ,más o menos, en su antiguo asentamiento por disposición del Arzobispo de Toledo, con trazas realizadas en 1811 por el arquitecto Juan Antonio Cuervo, ayudante y colaborador de Ventura Rodríguez, absorbiendo la feligresía y la titularidad de la desparecida de San Juan Bautista.

  Las fábricas del actual templo alternan los paramentos de ladrillo entre fajas de piedra de granito, muy del gusto de Villanueva. La fachada se resuelve en tres calles enmarcadas por pilastras graníticas, localizándose en la central, la puerta de acceso al Templo, flanqueada por cuatro pilastras de Orden Toscano, que se rematan con un entablamento en el que alternan las metopas con los triglifos. Sobre la cornisa que remata la guarnición de la puerta, se localiza un bello relieve de Santiago en la Batalla de Clavijo. Un frontón partido, alberga en su centro una ventana de traza elíptica, rematándose con una cruz. Las calles laterales cobijan sendos ventanales adintelados y enrejados que se rematan con lunetos que se decoran con la Cruz de Santiago.

   En el interior, una planta en cruz griega se inscribe en una planta, que la circunscribe, de forma sensiblemente cuadrada, con Capilla Mayor y Coro a los pies. Se cubre con una cúpula rebajada sobre pechinas asentada directamente sin tambor que se remata con una pequeña linterna. El testero de la Capilla Mayor se cierra con un ábside semicircular en el que se localizan una serie de pilastras toscanas que soportan un gran cornisamiento. Esta Capilla se cubre con un casquete semiesférico, así como las naves lo hacen con bóvedas de cañón, alternando con bóvedas vaídas sobre las capillas. Presidiendo el Presbiterio un retablo realizado en mármoles rojizos y verdosos, aloja en su centro un magnífico óleo de gran formato obra de Francisco de Ricci, en el que se muestra Santiago sobre un brioso corcel blanco, tal como se narra en su aparición en la Batalla de Clavijo. Cuatro esculturas con los cuatro Santos Padres de la Iglesia, escoltan este grandioso cuadro.

   El Patrimonio de esta Parroquia se ve enriquecido con obras procedentes de la desaparecida de San Juan, como el Bautismo de Cristo obra de Carreño Miranda, la bella imagen de Nuestra Señora de la Esperanza obra de Francisco Bellver, así como un magnífico archivo. El Templo se ve enriquecido con obras de Bayeu y de Maella y una imagen de la Beata Mariana de Jesús, obra de Julián San Martín.

SAN MIGUEL DE LA SAGRA

  La Parroquia de San Miguel se alzaba, dentro del primer recinto, en las proximidades del Alcázar. Era considerada una de las más antiguas de Madrid, recibiendo su nombre de la Sagra por estar abierta hacia la planicie de este nombre que se extendía al otro lado del río y donde, se situaba una famosa casa de recreo adquirida por Don Gaspar de Fuensalida, Cerero Mayor del Rey Felipe IV.

   Con motivo de las obras de la ampliación y rehabilitación del antiguo Alcázar, realizadas en 1549 por el Emperador Carlos I, fue necesaria su demolición, desplazándose sus nuevas fábricas hacia un lugar más indicado, recibiendo el nombre de San Miguel y San Gil, por ser el Emperador muy devoto de este monje. Posteriormente se la denominó San Gil el Real, por ser en ella donde se bautizaban los Príncipes.

   El Rey Felipe III en 1606, muy devoto de los franciscanos, les cedió esta Iglesia extinguiéndose como parroquia, pasada su feligresía a la vecina de San Juan Bautista.

   Restos de esta Real Capilla se han localizado en los sótanos de la Botillería del Café de Oriente, ya que como sus vecinas de San Juan y Santiago, cayeron bajo la piqueta en la ordenación urbanística del entorno del Palacio, promovida por el Bonaparte José I.

 ABADÍA EXTRAMUROS DE SAN MARTÍN

  De fundación anterior a los árabes, situada extramuros en el posteriormente llamado Vico de los Francos, en los terrenos que hoy ocupa el Palacio de las Alhajas, y en la actualidad sala de exposiciones de Caja Madrid, alzó sus muros este Cenobio Benedictino, y que Alfonso VI, agregó a la jurisdicción de la Abadía de Santo Domingo de Silos, concediéndole las aldeas de Valdegral y Villanueva del Jarama.

   Alfonso VII, le concede al Abad de San Martín en 1126, la posibilidad de poblar el arrabal del mismo título.

   Cuentan las crónicas que el Abad de este Monasterio con su comunidad, defendió a la Reina Doña Berenguela y a su hijo Don Fernando, del cerco que les tendió la familia del Lara. En memoria de este acontecimiento se levantó una cruz en el Postigo, en memoria de los monjes y miembros de la Sacramental que cayeron en la refriega.

  En esta Abadía se convocó el Consejo de Gobierno para dilucidar sobre el testamento del Rey Don Juan II.  Por la colaboración en estos y en otros acontecimientos, como la actuación en las epidemias que asolaron Madrid, se les concede el privilegio y el derecho parroquial.

   Levantó las trazas de este Monasterio el arquitecto Gaspar Ordóñez, por encargo de fray Alonso de Figueroa, inaugurándose en 1603. La Capilla Mayor fue costeada por Don Alonso de Muriel Valdivieso y su esposa Doña Catalina de Medina, reservándose enterramiento en dicha Capilla.

   Don Alonso Gutiérrez, Contador del Emperador Carlos I, costeó la Capilla del Santísimo Cristo de los Milagros, en la que estuvo enterrado el Padre Sarmiento, Abad que fue de este Monasterio. En la Capilla de la Valvanera, fueron enterrados Don Alonso Gutiérrez y su esposa, en unos sepulcros obra de Berruguete.

   Este Monasterio poseía valiosas pinturas de Alonso Cano, Caxés, Carreño, Coello, Fray Juan de Ricci y Bartolomé Román, así como diversas obras de orfebrería salidas del taller de los Arfe.

   La Iglesia fue destruida en la afrancesada desapareciendo los bellos sepulcros, así como parte de su patrimonio y de su biblioteca en la que se alojaban muchos volúmenes que pertenecieron a Quevedo. Años después lo que restaba del Monasterio, sirvió para oficinas del Gobierno  Político así como cuartel de la Guardia Civil.

   La Parroquia fue trasladada al desaparecido Convento de Portaceli de los frailes Caracciolos.