La novena sinfonía de Beethoven y el sufrimiento humano




Intervención del Santo Padre en ocasión del concierto en su honor en el Teatro la Scala de Milán el pasado 1 de Junio.

” Sobre este concierto, que debía ser una fiesta jubilosa con ocasión de este encuentro
de personas provenientes de casi todas las naciones del mundo, se cierne la sombra
del seísmo que ha producido gran sufrimiento a numerosos habitantes de nuestro país.
Las palabras tomadas delHimno a la alegría de Schiller suenan como vacías para
nosotros, más aún, no parecen verdaderas. De hecho, no experimentamos las chispas
divinas del Elisio. No estamos ebrios de fuego, sino más bien paralizados por el dolor
ante una destrucción tan grande e incomprensible que ha costado vidas humanas, que
ha dejado a muchos sin casa y sin hogar. Incluso nos parece discutible la hipótesis de
que sobre el cielo estrellado debe de habitar un buen padre. ¿El buen padre está sólo
sobre el cielo estrellado? ¿Su bondad no llega hasta nosotros? Nosotros buscamos un
Dios que no truena a lo lejos, sino que entra en nuestra vida y en nuestro sufrimiento.
En esta hora quisiéramos referir las palabras de Beethoven, «Amigos, no estos
tonos…», precisamente a las de Schiller. No estos tonos. No necesitamos un discurso
irreal de un Dios lejano y de una fraternidad que no compromete. Estamos en busca
del Dios cercano. Buscamos una fraternidad que, en medio de los sufrimientos,
sostiene al otro y así ayuda a seguir adelante. Después de este concierto muchos irán a
la adoración eucarística, al Dios que se ha metido en nuestros sufrimientos y sigue
haciéndolo. Al Dios que sufre con nosotros y por nosotros, y así ha capacitado a los
hombres y las mujeres para compartir el sufrimiento de los demás y para
transformarlo en amor. Precisamente a eso nos sentimos llamados por este concierto.”

Ver discurso completo