Bien sabemos en la Iglesia que peregrina en Madrid que la evangelización es a la vez anuncio al mundo del Reino de Dios y transformación del mundo según el Reino de Dios. Y bien sabemos que, para proponer a los hombres y mujeres de esta metrópolis a Jesucristo, modelo de humanidad plenamente realizada, antes debemos reconocer en sus gentes a Jesucristo “encarnado” y presente en sus cambios culturales (de certezas y dudas, valores y contravalores, costumbres y tendencias). Encontrarlo en cada uno de sus rostros “desde el misterio del hombre”, del hombre aquí y ahora, en este tiempo y en este contexto cultural concreto en el que nos ha tocado vivir.
Sabemos que en Madrid vivimos todos bajo el vértigo y la agitación propia de las grandes ciudades, con sus incontables alicientes y decepciones a la vez, hiper comunicados al lado de tantas personas solas y desamparadas. Sabemos que estamos imbuidos en una envolvente cultura predominantemente mediática, y que no nos faltan ofertas culturales de todo tipo, desde las que proponen una manera de entender la vida a las que, de modo más efímero, conllevan una agenda cultural abrumadora, que va desde la música al cine, del documental al teatro, de la literatura a la pintura, y de la fotografía a las demás creaciones artísticas.
Sabemos que no mirar y dialogar con este vasto mundo cultural reduciría nuestro testimonio cristiano, como si eludiésemos los problemas sociales que nos afligen, o todas y cada una de las circunstancias que ahogan o liberan, desalientan o dan esperanza a nuestras gentes. Pues hoy, como ayer, y como siempre, como nos enseñaba Ortega y Gasset, las gentes buscan en la cultura una tabla de salvación para sus vidas. Mirar y dialogar con la cultura de hoy es mirar y dialogar con el hombre de hoy, y en esta mirada y en este diálogo compartir con él el bálsamo de la fe, la fuerza del amor, y las razones de nuestra esperanza.
No contar con una pastoral de la cultura en una diócesis cosmopolita y referencial para la Iglesia en España y en el mundo, sería una gran dejación de la misión encomendada. Y no basta con el reconocimiento y la validación de una pluralidad dispersa de iniciativas ya existentes, sino que se requiere, como en todos los demás ámbitos de la pastoral, de un discernimiento, de una guía, y de un empuje, que sean verdaderamente eclesiales.
Con este convencimiento, la Archidiócesis de Madrid se propone poner en valor la Pastoral de la Cultura, en la vanguardia de la misión con los alejados y lejanos de la Iglesia, con un plan de actuación abierto, en continua revisión, para ir dando pasos en la respuesta a este gran desafío de la nueva evangelización que contemplaba San Juan Pablo II como “areópago de la cultura”, Benedicto XVI como “atrio de los gentiles”, el Papa Francisco como “periferia del pensamiento”, y León XIV como instrumento para que la cultura no sea “una herramienta de los poderosos”, sino “un lugar para liberar las conciencias”.
