Benedicto XVI, añadiendo al símil del “areópago” como lugar de encuentro con los ámbitos existenciales de la modernidad distanciados o ajenos a la impronta cristiana (propuesto por San Juan Pablo II)[1], promovió por parte de la Iglesia la recreación de aquel “Atrio de los gentiles” del templo de Jerusalén para buscar el encuentro y el diálogo, sin pretensiones ni imposiciones, con el mundo de hoy[2]

¿Qué “atrio de los gentiles” rememoraba? [3] Veinte años antes de Cristo, el rey Herodes dio inicio a los grandes trabajos de renovación, casi de reestructuración, del templo de Jerusalén, el segundo, el que fue construido después del Exilio. Además de las áreas reservadas a los miembros del pueblo de Israel (hombres, mujeres, sacerdotes) en este templo había un espacio en el que todos podían entrar, judíos y no judíos, circuncisos e incircuncisos, miembros o no del pueblo elegido, personas educadas en la Ley y personas que no lo eran.

Era un lugar abierto, donde se reunían rabinos y maestros de la Ley dispuestos a escuchar las preguntas de la gente sobre Dios, y a responder en un intercambio respetuoso y misericordioso. Este espacio era el atrio de los gentiles o paganos, en latín el atrium gentiumun espacio que todos podían atravesar y en el que podían permanecer, sin distinciones de cultura, lengua o profesión religiosa, un lugar de encuentro y de diversidad.

Para Benedicto XVI se trataba de una concreción arriesgada de la Nueva Evangelización, en tanto en cuanto suponía establecer un diálogo, en la línea de San Pablo VI en su encíclica Ecclesiam Suam, de igual a igual, sin prejuicios, desde el terreno de la razón, en un contexto laico.

Entre las diversas explicaciones y propuestas que Benedicto XVI hizo a lo largo de su pontificado sobre el Atrio de los Gentiles, creo que una de las más claras y persuasivas es la que a través de un video mensaje hizo a un nutrido grupo de jóvenes, creyentes y no creyentes, reunidos en el atrio de Notre-Dame de Paris. 

Evocando aquel espacio abierto en la amplia explanada junto al Templo de Jerusalén, explicó la diferencia que aún ese espacio guarda con su propuesta, pues “en aquel lugar podían encontrarse con los escribas, hablar de la fe e incluso rezar al Dios desconocido. Y si, en aquella época, el atrio era al mismo tiempo un lugar de exclusión, ya que los gentiles no tenían derecho a entrar en el espacio sagrado, Cristo Jesús vino para derribar el muro que separaba a judíos y gentiles. Reconcilió con Dios a los dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, al odio. Vino y trajo la noticia de la paz…, como San Pablo nos dice (cf. Ef 2, 14-17)”. 

La reflexión que les ofrecía a aquellos jóvenes y la propuesta que les hacía es sumamente sugestiva: “Hoy en día, muchos reconocen que no pertenecen a ninguna religión, pero desean un mundo nuevo y más libre, más justo, y más solidario, más pacífico, y más feliz. Al dirigirme a vosotros, tengo en cuenta todo lo que tenéis que deciros: los no creyentes queréis interpelar a los creyentes, exigiéndoles, en particular, el testimonio de una vida que sea coherente con lo que profesan y rechazando cualquier desviación de la religión que la haga inhumana. Los creyentes queréis decir a vuestros amigos que este tesoro que lleváis dentro merece ser compartido, merece una pregunta, merece que se reflexione sobre él. La cuestión de Dios no es un peligro para la sociedad, no pone en peligro la vida humana. La cuestión de Dios no debe estar ausente de los grandes interrogantes de nuestro tiempo”[4].

Se trata de encontrar lo que Francés Torralba denomina “espacios de intersección” como son creencias y esperanzas comunes entre los que abrazan la fe religiosa y los que no. De hecho, él distingue tres círculos concéntricos: los de la espiritualidad, la religiosidad y la confesionalidad. Mal hacen aquellos que, tanto desde la creencia, como desde el increencia, reducen estos círculos al último de ellos. Considera además que en el círculo más amplio se puede establecer el diálogo siempre y cuando ni a los creyentes ni a los no creyentes les falten las dimensiones humano-religiosas de la inquietud y del asombro[5].

Esta oportunidad de mutuo enriquecimiento, entre personas con fe y personas con otro tipo de convicciones no religiosas, es especialmente apropiada en el contexto de los ámbitos culturales, donde la búsqueda de la verdad a través del diálogo intelectual, la búsqueda del bien a través de las diversas aproximaciones éticas y escalas de valores en el diálogo intercultural, y la búsqueda de la belleza a través de sus más diversas expresiones artísticas, resulta sumamente provechosa, y sin duda indispensable en la consecución del diálogo fe/cultura. Como explica el Papa León XIV, “el pensamiento filosófico es un espacio de encuentro privilegiado con quienes no comparten el don de la fe” (Mensaje al Congreso Internacional de Filosofía en Paraguay, 8-10 de octubre de 2025).

Respondiendo a este desafío de fomentar “atrios de los gentiles”, parece oportuno que una pastoral de la cultura suficientemente completa tenga en cuenta estos tres ámbitos distintos y complementarios:

1er. Ámbito: Reflexión sobre la revisión del humanismo ante los desafíos del poshumanismo: identidad personal, ecología integral, cultura de la vida, y ciencia y tecnología (con una especial colaboración con la Delegación de Familia y vida y con la comisión de Ecología integral)

No estamos tanto ante un aspecto más de la cultura predominante, sino ante la perspectiva más honda y radical del “cambio de época” en la que vivimos, y que constituye una auténtica revolución antropológica. 

Así lo explica el profesor Eloy Bueno de la Fuente explica como “los signos de esta revolución y de este desplazamiento son de carácter heterogéneo” [6] y, entre los signos que propone, podemos aglutinar en tres bloques los considerados especialmente relevantes de cara a la reflexión que en esta propuesta se pretende suscitar: 

  • El primado de los big data y de la digitalización de la sociedad, la absolutización del smartphone, la proliferación de robots, y el desarrollo de la inteligencia artificial (este primer bloque a abordad en el tercer ámbito de dialogo con el pensamiento de la cultura, el del “auge de la cultura mediática y el desarrollo de la inteligencia artificial”).
  • La preocupación por el cambio climático y por el destino de nuestro planeta, junto al reconocimiento del antropoceno (o del novoceno) como era geológica.
  • El concepto de familia, junto a los desafíos de la banalización del valor de la vida, de la manipulación genética, de la ideología de género, de la mentalidad woke y la cultura de la cancelación. 

Ciertamente, apunta Eloy Bueno de la Fuente, “tal vez muchos consideren excesivas y desmesuradas las pretensiones levantadas por los post-humanistas”, pero, sin embargo, esta valoración resulta secundaria “respecto a dos efectos difícilmente reversibles: la des-construcción del humanismo y la propuesta de un relato global alternativo que se transmite no sólo a través de la educación formal sino -lo que seguramente es más decisivo- a través de un nuevo imaginario colectivo (gracias al arte, los video-juegos, películas y series de televisión…)”. Por lo que, apunta el teólogo, “de todo ello deben tomar conciencia el cristiano a nivel individual y la Iglesia en su conjunto, pues en su tarea evangelizadora no puede equivocarse de época o de escenario[7].

Es fundamental para el diálogo que queremos establecer con el mundo de la cultura en torno a este desafío, que no conviene precipitarse con respuestas meramente morales. Estamos ante una revolución antropológica que se mueve a nivel epistemológico, que requiere “una inculturación lúcida y con mirada de largo alcance”, en tres momentos: 

  • “En primer lugar, una mirada de revisión crítica hacia atrás, a sabiendo que no venimos de un humanismo realizado, sabiendo descifrar “los aspectos oscuros del humanismo”, y reconociendo que estamos en un siglo XXI que necesita hacer las cuentas con respecto al siglo XX, en el que los diversos pseudo-humanismos convertidos en totalitarismos y enfrentados entre si dieron lugar a la mayor violencia entre los hombres de la historia. 
  • En segundo lugar, una mirada equilibrada hacia el presente, en la que además de los peligros objetivos, se deben reconocer los diversos aspectos positivos relacionados con la mejora del ser humano, así como de las realizaciones maravillosas que consigue la inteligencia humana a través de la ciencia y de la técnica. Resulta complejo y precipitado separar el trigo de la cizaña ante esta última revolución cultural.
  • Y, en tercer lugar, una mirada de prevención crítica hacia el futuro, pero en clave propositiva, no reactiva. Debe ser una respuesta de la mano de tantas otras instancias y grupos que también quieren salvar al humanismo, a sabiendas de que en todo caso no será una mera vuelta al humanismo del pasado, sino que habrá de ser un humanismo renovado”[8].

Como propone Eloy Bueno de la Fuente, “tenemos que ser valientes, discutir conjuntamente, de forma democrática y crítica, en qué queremos convertirnos. El concepto y la realidad de lo humano ha estado siempre en evolución, y por ello hoy tenemos que experimentar y crear formas nuevas”[9]. Estamos, nos decía el Papa Francisco, “casi en el alba de una nueva era y en el nacimiento de un nuevo ser humano”[10].

2º Ámbito: Reflexión sobre la necesidad de una Cultura del Encuentro en la encrucijada de una sociedad entre multicultural e intercultural.

El diálogo fe/cultura, orientado a la promoción de la Cultura del Encuentro, es un diálogo evangelizador que tiene en cuenta tanto la acción evangelizadora explícita (anunciar el Reino de Dios), como la implícita(introducir los valores del Reino de Dios), siempre bajo la opción preferencial por los pobres, incluyendo a las “personas que puedan ser cuestionadas por sus errores”. Se trata de aplicar a la Evangelización el criterio del bien común, uno de los cuatro principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que a diferencia del principio utilitarista del mayor bien (o bienestar) para el mayor número (…), requiere no olvidarse de nadie (la centralidad o el valor de cada persona), reconocer y cuidar a las minorías y los bienes de su comunidad como parte valiosa de la diversidad de la sociedad de todos[11].

Conviene tener muy presente que la cultura predominante hoy tiende, de suyo, al emerger en la sociedad postmoderna (desvinculada, líquida y cansada) más al multiculturalismo que al interculturalismo. Explica el profesor Julio Martínez que el enfoque multicultural “acepta la pluralidad cultural sin favorecer el intercambio ni un verdadero diálogo intercultural, y sí la segregación. Es un modelo que se fundamenta en una tolerancia con sentido pasivo respecto de los que tienen una cultura diferente y que se limita a aceptar al otro, sin que ello implique un intercambio y un reconocimiento en la recíproca transformación”[12]

Por ejemplo, el diálogo evangelizador con la increencia, pero sobre todo con la indiferencia y la prescindencia religiosa, nos sitúa ante el desafío de no caer ni del lado del sincretismo pacifico (en una sociedad plural hay que rebajar el anuncio explícito), ni del lado del combate ideológico (en una sociedad plural hay que definirse en calve de confrontación y disenso), que renuncian a la interculturalidad, sino construir pacientemente procesos de superación de las diferencias y de búsqueda de las convergencias hasta donde alcancen las posibilidades de la comunión. De aquí que la evangelización en la cultura predominante tenga una premisa fundamental, la Cultura del Encuentro, porque como decía el Papa Francisco, “no es la cultura del choque, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino la cultura del encuentro”[13].

3er. Ámbito: Reflexión sobre el auge de la cultura mediática y el desarrollo de la Inteligencia Artificial.

Para entender la importancia de la cultura mediática en el diálogo fe/cultura de nuestro tiempo conviene recordar que se entiende por cultura mediática.

La primera acepción de la cultura mediática es obvia: se trata de la mediación de la cultura a través de los nuevos medios (NNMM), los soportados por las nuevas tecnologías de la información y difundidos por la Red, y como estos globalizan la información que soportan, la cultura por ellos trasmitida es global. Pero esto no es aún “cultura mediática”, sino “mediación cultural”, o ciberespacio cultural. ¿Qué entendemos entonces por “cultura mediática”? 

La cultura mediática “es la cultura emergente, omnipresente, y dominante en el mundo globalizado, marcado por la sociedad de la información, y caracterizado por la sociedad postmoderna y débil. Una cultura además configuradora a la vez que determinada por el llamado sexto continente, y portadora de un nuevo lenguaje[14]

Para situar su importancia tenemos que reconocer un proceso histórico del importantísimo impacto que siempre han tenido los recursos mediáticos en la construcción cultural. Al menos podemos distinguir tres grandes hitos: 

  • De las antiguas técnicas a la comunicación epistolar, y de ésta a la imprenta (Revolución Gutenberg).
  • Del gran salto del uso de la onda corta (revolución Marconi) al envío de imágenes analógicas (Revolución Nipokow).
  • Del surgimiento de Internet al desarrollo de todos los nuevos medios (con las redes sociales) y soportes (dispositivos móviles). Y, por tanto, de la aldea global (McLuhan) a la Cultura Mediática.

Por tanto, cuando hablamos de la cultura mediática en la actual sociedad de la información estamos, por un lado, describiendo a aquella cultura dominante que condiciona la organización social y económica hoy. Y, por otro lado, estamos hablando de la cultura que se transmite de una generación a otra, desplazando a la familia, a la escuela y al grupo primario. Una cultura que no es sólo “acervo cultural” (simbolizado en el wikipedia, muchos más atomizado e impreciso que la enciclopedia), que no termina de dar el soñado paso de la “sociedad de la información” a la “sociedad del conocimiento”, sino que es cultura porque todo lo que expone conlleva ideas, sentimientos, música, imágenes y, por tanto, modelos culturales de la realidad. 

Pero, sobre todo, debemos entender la envergadura de este ámbito del diálogo fe/cultura desde la perspectiva de los “modernos areópagos” de la misión: San Juan Pablo II puso de relieve la dimensión antropológica, más allá de la geográfica, de la misión, a través de sus “modernos areópagos”: cinco ámbitos de la humanidad globalizada, como si fueran “agujeros negros” sobre todo en el universo del Occidente cristiano, que siguen siendo ajenos al Evangelio: el mundo de la cultura mediática, del compromiso social, de la ciencia, de la economía y la política internacionales, y de la búsqueda de espiritualidad[15].

San Juan Pablo II dejó bien clara la prioridad: el primer areópago como espacio social concreto es el mundo de la comunicación, que, en la sociedad de la información, por un lado, y en la aldea global, como la llamaba el visionario Herbert Marsall McLuhan (1911-1980)[16] por otro, no sólo forma parte, sino que conforma el basto mundo de la cultura, no tanto de una u otra cultura local autóctona, sino de la aún emergente pero ya predominante cultura globalizada, que es la cultura mediática: 

El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicaciónque está unificando a la humanidad y transformándola -como suele decirse- en una aldea global. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizás se ha descuidado un poco este areópago: generalmente se privilegian otros instrumentos para el anuncio evangélico y para la formación cristiana, mientras los medios de comunicación social se dejan a la iniciativa de individuos o de pequeños grupos, y entran en la programación pastoral sólo a nivel secundario”[17]

Se trata de un areópago que, por tanto, traspasa el mundo de los medios de comunicación social, sobre todo con las tres últimas revoluciones tecnológicas: internet, redes sociales, e inteligencia artificial.Alcanza la cultura mediática. Como areópago, entendía San Juan Pablo II que pide ser evangelizado, a través de un profundo diálogo entre la fe cristiana (y el humanismo cristiano que comporta) y esta cultura mediática. Se trata de un cambio revolucionario en la “pastoral de los medios de comunicación”, como vemos en la expresión “hasta ahora…, pero no basta”, así como de un desafío no sólo novedoso sino continuamente en proceso de cambio, que se multiplica en sucesivos nuevos desafíos. Lo explica así:

“El trabajo en estos medios, sin embargo, no tiene solamente el objetivo de multiplicar el anuncio. Se trata de un hecho más profundo, porque la evangelización misma de la cultura moderna depende en gran parte de su influjo. No basta, pues, usarlos para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino que conviene integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicación moderna. Es un problema complejo, ya que esta cultura nace, aun antes qué de los contenidos, del hecho mismo de que existen nuevos modos de comunicar con nuevos lenguajes, nuevas técnicas, nuevos comportamientos sicológicos. Mi predecesor Pablo VI decía que la ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo; y el campo de la comunicación actual confirma plenamente este juicio”[18].

Desde esta propuesta de San Juan Pablo II de los modernos areópagos para la Nueva Evangelización, entre los que sitúa preminentemente el areópago de la cultura mediática, que hoy podemos identificar también con nuevas expresiones como ciberespacio cultural (si nos referimos principalmente a su soporte la Red) o como cultura digital (si nos referimos principalmente a su soporte en las Redes Sociales), “los pronunciamientos del Magisterio eclesial manifiestan la comprensión de que la cultura digital, con los dispositivos que le dan soporte, es un medio a través del cual se está en contacto con la realidad, formando parte de ella. Y la apreciación es claramente positiva, ya sea como medio de acceso a la información, ya como medio de formación permanente de los cristianos y también de formación específica de los agentes de pastoral”[19]

Tal vez sea este aspecto de la cultura dominante el más interesante o al menos uno de los más interesantes para descubrir “claves de oportunidad” para el diálogo fe/cultura de la Nueva Evangelización. Podemos destacar las siguientes:

  • La oportunidad que brinda la común primacía del lenguaje narrativo, y con él del valor del testimonio.
  • La oportunidad del uso del lenguaje mediático-audiovisual, rico en códigos lingüísticos, y necesario para una inculturación de la fe en el lenguaje de las nuevas generaciones.

En cuanto al abordaje de la Inteligencia Artificial: 

Aunque la capacidad de la Inteligencia Artificial no llegue a alcanzar la conciencia personal facultativa de la dignidad humana, se la puede dotar del poder que hasta hoy sólo había tenido el ser humano real y verdadero, permitiendo que una pseudo-conciencia sin alma decida sobre el destino de los hombres y de la humanidad entera. No debemos temer tanto el desarrollo tecnológico de la Inteligencia Artificial como el uso que de ella hagamos los seres humanos, porque, evidentemente, como dice el Papa Francisco, “nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo”[20].   

El teólogo español Eloy Bueno de la Fuente se pregunta: “¿Este peligro es real? “¿Llegará un momento único en la historia, en el que se producirá una explosión única de la inteligencia en virtud de la cual las máquinas reemplazarán a los hombres y podrán tratarlos como esclavos? ¿Habrá una Superinteligencia (pensemos en una nube o en el big dataconsciente y activa por sí misma capaz de tratar cualquier algoritmo y por ello de preverlo y controlarlo todo? Lo que habían pronosticado Aldous Huxley en Un mundo feliz y George Orwell en 1984 parece haberse realizado plenamente”[21].

La respuesta más amplia y comprometida hasta la fecha del Magisterio de la Iglesia sobre la Inteligencia Artificial la dio la nota de la Congregación de la Doctrina de la fe, y del Dicasterio para la Cultura y la Educación, de la fe bajo el título Antiqua et nova (28 enero 2025). En ella se dice «las cuestiones antropológicas y éticas planteadas por la Inteligencia Artificial son cuestiones que particularmente relevantes en cuanto que uno de los objetivos de esta tecnología es el de imitar la inteligencia humana que la ha diseñado. Por ejemplo, a diferencia de otras muchas creaciones humanas, la Inteligencia Artificial puede ser entrenada en producciones del ingenio humano. Por tanto, puede generar nuevos artefactos con un nivel de velocidad y habilidad que, con frecuencia, igualan o superan las capacidades humanas, como generar textos o imágenes que resultan indistinguibles de las composiciones humanas, suscitando, por tanto, preocupación por su posible influjo en la creciente crisis de verdad en el debate público. Además, como tal tecnología está diseñada para aprender y adoptar determinadas decisiones de forma autónoma, adecuándose a nuevas situaciones y aportando soluciones no previstas por sus programadores, se derivan problemas sustanciales de responsabilidad ética y de seguridad, con repercusiones más amplias para toda la sociedad. Esta nueva situación lleva a la humanidad a cuestionarse su identidad y su papel en el mundo«[22].

Llegamos a León XIV: ¿Qué importancia le da y que ha dicho ya el Papa matemático sobre la Inteligencia artificial? desde el Dicasterio de los Obispos, Prevost fomentó el debate. Llevó al Vaticano al franciscano Paolo Benanti, experto en ética de la Inteligencia Artificial, para ilustrar a sus pares en la materia, que ahora no oculta su sorpresa: “Hace 15 años me tomaban por loco por investigar sobre cíborgs. Ahora es el primer tema de un Papa”.

Ya en su primer discurso al colegio cardenalicio (10 de mayo 2025), el nuevo Papa confesó: “Al sentirme llamado a proseguir este camino, pensé tomar el nombre de León XIV. Hay varias razones, pero la principal es porque el Papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum Novarum (De las cosas nuevas, de 1891) afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial y hoy la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”[23].

Y en su segundo discurso, dirigido a los comunicadores sociales, dio ya las claves principales de su reflexión: “Hoy, uno de los desafíos más importantes es el de promover una comunicación capaz de hacernos salir de la “torre de Babel” en la que a veces nos encontramos, de la confusión de lenguajes sin amor, frecuentemente ideológicos y facciosos. Por eso, su servicio, con las palabras que usan y el estilo que adoptan, es importante. La comunicación, de hecho, no es sólo trasmisión de informaciones, sino creación de una cultura, de ambientes humanos y digitales que sean espacios de diálogo y de contraste. Y, considerando la evolución tecnológica, esta misión se hace más necesaria aún. Pienso, particularmente, en la inteligencia artificial con su potencial inmenso, que requiere, sin embargo, responsabilidad y discernimiento para orientar los instrumentos al bien de todos, de modo que puedan producir beneficios para la humanidad. Y esta responsabilidad nos concierne a todos, de acuerdo con la edad y a los roles sociales”[24].

A lo largo de sus primeros meses de pontificado León XIV siguió hablando de las «enormes potencialidades» que conllevan estas tecnologías y ha alertado, sin embargo, de los retos que plantean a la dignidad humana, la justicia social y el empleo, recomendando un enfoque ético ante estos desafíos. Sin duda va a ser un tema emergente y determinante de su magisterio, y ya muchos prevén una encíclica al efecto. Bienvenido sea este magisterio en tanto en cuanto sirva para promover una reflexión sin fronteras, ni geográficas ni culturales, en la que todos los seres humanos, creyentes y no creyentes, podamos promover un nuevo humanismo capaz de responder a estos nuevos desafíos.

Cita Antiqua et nova a un intelectual católico francés, Georges Bernanos (1888-1948), que planteó un tema aún más actual que cuando lo escribió: «El peligro no reside en la multiplicación de las máquinas, sino en el número cada vez mayor de hombres acostumbrados desde la infancia a no desear más que lo que las máquinas pueden proporcionarles»[25]. Hoy, dice Antiqua et nova, «la vasta extensión del conocimiento es accesible en formas que habrían maravillado a las generaciones pasadas; sin embargo, para impedir que los avances de la ciencia sigan siendo humana y espiritualmente estériles, hay que ir más allá de la mera acumulación de datos y aspirar a la verdadera sabiduría«[26].

4º Ámbito: Reflexión sobre la Cultura Cívica y la Educación en los actuales contextos tanto cultural como educativo.

Sin adentrarse en el área de la Delegación Episcopal de la Cultura, este ámbito de reflexión de la Delegación Episcopal de la Cultura se adentrará únicamente en el análisis de las dimensión cívica (en lo antropológico, ético y jurídico) de la cultura predominante actual y sus consecuencias hacía el ámbito educativo.

5º Ámbito: Reflexión sobre las diversas expresiones artísticas de la cultura contemporánea.

Esta reflexión por parte del Equipo de el “Atrio de los Gentiles”, como equipo de pensamiento y de discernimiento más que de acción, servirá para el desarrollo de los “Espacios para el diálogo”, y su equipo de trabajo correspondiente, ofreciéndole criterios basados en la dimensión filosófica y teológica del arte, en todas y cada de sus manifestaciones. 


[1] Cf.: SAN JUAN PABLO II. Carta encíclica Redemptoris missio (7 diciembre 1990), nº 37.38.

[2] Cf.: MANUEL MARÍA BRU. “Catequizar en la Iglesia de hoy”. En “Imágenes de la fe” (nº 510, febrero 2017). pp. 8-9.

[3] Cf.: MANUEL MARÍA BRU AÑONSO. ¿Ha fracasado la nueva evangelización? El desafío misionero de acogida a cercanos, alejados y lejanos. San Pablo. Madrid 2024, pp.347-349.

[4] BENEDICTO XVI. Video mensaje a la velada conclusiva del “Atrio de los gentiles” organizado en París por el Consejo Pontificio de la Cultura, el viernes 25 de marzo de 2011.

[5] Cf.: FRANCÉS TORRALBA. Creyentes y no creyentes en tierra de nadie. PPC. Madrid 2013, 330p.

[6] ELOY BUENO DE LA FUENTE. “La revolución antropológica, la nueva frontera de la misión” (Conferencia pronunciada en el Acto Académico de la Festividad de Santo Tomás de Aquino en la Universidad Eclesiástica San Dámaso, el 28 de enero de 2023), p.5.

[7] Ibid., p.7-8.

[8] MANUEL MARÍA BRU ALONSO. ¿Ha fracasado la nueva evangelización? El desafío misionero de acogida a cercanos, alejados y lejanos. Obra citada, pp.225-226.

[9] ELOY BUENO DE LA FUENTE. “La revolución antropológica, la nueva frontera de la misión”, conferencia citada. p. 20.

[10] FRANCISCO. Discurso a la plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura (18 de noviembre de 2017).

[11] Cf. JULIO MARTÍNEZ S.J. La cultura del encuentro. Desafíos e interpelación para Europa. Editorial Sal Terrae, Maliaño (Cantabria) 2017, p.173-176.

[12] Ibid., p.147. Se remite el autor a Benedicto XVI, para quien este enfoque “piensa en las culturas como superpuestas unas a otras, sustancialmente equivalentes e intercambiables. Ello induce a incurrir en un relativismo que en nada ayuda al verdadero diálogo intercultural; en el plano social el relativismo cultural provoca que los grupos culturales estén juntos… o convivan, pero separados, sin diálogo auténtico, y por tanto, sin verdadera integración”: BENEDICTO XVI. Carta encíclica Caritas in Veritate (29 de junio de 2009), nº 26.

[13] FRANCISCO. Intervención en el rezo del Ángelus del 1 de septiembre de 2013.

[14] MANUEL MARÍA BRU. Evangelizar en la cultura mediática. En clave de diálogo y oportunidad. CCS, Madrid 2018, pp. 15-16.

[15] Cf. JUAN PABLO II. Carta encíclica Redemptoris missio, documento citado, nº 37.38.

[16] Cf: MARSSALL MALUHAN. The Guntemberg Galaxy. University of Toronto Press. Toronto 1962, 293p.

[17] JUAN PABLO II. Carta encíclica Redemptoris missio, documento citado, nº 37c.

[18] Ibid.

[19] LUIS MANUEL FIGUEIREDO RODRIGUES. “Evangelizar las redes en red”, en FIGUEIREDO RODRIGUES L.M. (coord.), Proponer la fe en una pluralidad de caminos. PPC. Cuadernos AECA, Madrid 2020, p. 149.

[20] FRANCISO. Carta encíclica Laudoto Si´ (24 de mayo 2015), nº 104.

[21] ELOY BUENO DE LA FUENTE. Conferencia citada.

[22] DICASTERIO PARA LA CULTURA Y LA EDUCACIÓN. Antiqua et nova (28 de enero 2025), nº 3.

[23] LEÓN XIV. Discurso al colegio cardenalicio (10 de mayo 2025)

[24] LEÓN XIV. Discurso dirigido a los comunicadores sociales (12 mayo 2025)

[25] DICASTERIO PARA LA CULTURA Y LA EDUCACIÓN. Antiqua et nova, documento citado, nº 112.

[26] Ibid., nº 113.