Título: 25 preguntas sobre el legado del Papa Francisco
Autor: Manuel María Bru Alonso
Editorial: Revista Vida Nueva (pliego)
PDF CON EL PLIEGO: El legado de Francisco
TEXTO DEL PLIEGO:
25 PREGUNTAS SOBRE EL LEGADO DEL PAPA FRANCISCO
Al pasar un año del fallecimiento del Papa Francisco, todo es poco para que no lo olvidemos y nos preguntemos cuál ha sido su legado. Con la sencillez de un vistazo a vuelo de pájaro, sin pretender ni un análisis concienzudo de su pontificado ni una síntesis compilatoria de su magisterio, sirvan estas preguntas elementales sobre el pontificado de Francisco, guiados por la clásica triada “Dios, Iglesia, mundo”, no sin antes preguntarnos por su particular aportación en relación con sus antecesores.
EL PAPA FRANCISCO: SU APORTACIÓN
- ¿Cuál es la clave fundamental para entender al Papa Francisco?
Su mirada a la Iglesia y a la humanidad: para él era lo mismo que mirar a una persona: una mirada de amor, que acoge, acompaña, integra… Es una mirada que cuida, que salva…, con esa finura del amor propia del buen médico, o del buen enfermero: que cura, que no venda las heridas sin haberlas cuidado, pero tampoco hurga en ellas, y sobre todo que consuela.
- ¿Qué se ha entendido peor -o de forma más superficial- de su pontificado?
Su apertura, su rechazo a todo tipo de moralismo que juzgando a los demás descarte a las personas, de cualquier forma. En la sociedad de hoy, y en la Iglesia de hoy, sigue habiendo muchos prejuicios para con algunas personas que se escapan de normalizaciones que, por otro lado, son ya muy viejas y deberían estar superadas. Lo que no se ha entendido es su mirada profundamente evangélica por la que “todos, todos, todos”, pueden formar parte de la gran familia de la Iglesia. Sin duda se ha dado una lectura fragmentada o ideologizada de sus palabras y gestos. Tal vez mucho más que con ningún otro papa contemporáneo. Por su claridad, por su rotundidad, por su sinceridad, por no medir las consecuencias porque en la denuncia del mal y en la proclamación del bien no hay matices que valgan. Tal vez sea el Papa contemporáneo que menos se ha dejado aconsejar por los asesores curiales del Vaticano hiper-prudentes e hiper-precavidos.
- ¿Qué elementos indiscutibles forman ya parte del legado del Papa Francisco?
La imagen de la Iglesia de nuestro tiempo como un hospital de campaña, la doble conversión pastoral de los espacios eclesiales (la travesía hacia las periferias) y de los procesos eclesiales (la travesía hacia la sinodalidad), y en tercer lugar la libertad absoluta ante los poderosos del mundo que le permitía decirles las verdades con una claridad no insultante, por su puesto, pero si inesperada, indisimulada y contundente.
- ¿Por qué el Papa Francisco generó tantas reacciones encontradas dentro y fuera de la Iglesia?
Él nunca las buscó. Algunos le achacan, aún hoy, que su lenguaje claro, conciso, y a veces contundente, unido a su personal forma de ejercer su espontaneidad, no sólo no frenaron, sino que de algún modo provocaron esas reacciones, que por otro lado no fueron entre unos grupos y otros en realidad, sino entre algunos grupos y él. Pero no fue así. A lo que si sirvieron ese talante y esa transparencia suyas fue para que no tuvieran ningún éxito en el intento de tergiversar y manipular su magisterio, siempre más fácil cuando el que es objeto de este tipo de maniobras del engaño tiene un discurso más comedido, más complejo, más matizado o con menos impacto permanente en la opinión pública, como sin duda lo tuvo Francisco por ser comunicativamente tan universalmente comprensible, y tan incisivamente provocativo. Francisco no tuvo menos enemigos “ideológicos” que los papas precedentes. La diferencia es que con él fueron más agresivos, y contra él invirtieron muchísimo más dinero para calumniarlo, porque no había manera de trasladar a la opinión pública una imagen y un discurso distorsionado y manipulado de sus mensajes.
- ¿Con respecto a los pontificados anteriores a Francisco, hay continuidad o hay novedad?
Entre San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, se da una perfecta “continuidad en la novedad”, y al mismo tiempo, una no menos auténtica “novedad en la continuidad”.
- En esta clave hermenéutica, ¿cuáles serían las claves, en primer lugar, de la “continuidad en la novedad”?
En primer lugar, es el legado de un Papa “destronado”, llano, natural, que, como sus precedentes inmediatos renunció clara, expresa y rotundamente no sólo a los honres y prebendas del pontificado de otras épocas, sino a todo signo de boato y distinción. Desde San Juan XIII cada uno fue liberándose de todo tipo de tradiciones, adornos y gestos: San Juan XXIII de una pose principesca: fue el párroco del mundo, campechano y desenfadado. San Pablo VI despojado del formalismo clerical y del lenguaje eclesiástico. ¿Fue providencial que no fuera educado en un seminario de la época? San Juan Pablo II de todo hieratismo y compostura: espontaneo y desafiante. Benedicto XVI, aunque un poco barroco como buen bávaro, decretó la extinción de todos los títulos nobiliarios del papado. Y Francisco, es verdad, en esto fue radical e intransigente: ya en la misa de inicio de su ministerio pontificio no quiso ponerse la casulla engalanada que tenía preparada, sino una suya de lana sin adorno alguno, en un llamativo contraste con la que llevaban todos sus concelebrantes.
En segundo lugar, es el legado de un Papa misionero con una mirada universal: que mira a la Iglesia que vive para la misión, y que mira a la humanidad más allá de la Iglesia, llamada a la fraternidad universal, donde entran todos los pueblos, todos los credos, todas las culturas, todos los hombres. Esta mirada ya la tenían sus predecesores. Cada uno a su manera, con sus prioridades y modelos propios de llevarlo a cabo: Para San Juan XXIII y San Pablo VI era la Iglesia aggionada por el Concilio, y volcada al diálogo con el mundo de hoy. Para San Juan Pablo II la Iglesia que necesitaba de una Nueva Evangelización, en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones. Para Benedicto XVI una Iglesia “atrio de los gentiles” que sentase en la misma mesa a creyentes y no creyentes para buscar juntos la verdad, el bien y la belleza del ser humano.
En tercer lugar, es el legado de un Papa conciliar. Desde que San Juan XXIII convocase en Concilio Vaticano II, para “dejar que entrará aire fresco en la Iglesia”, y sobre todo desde que San Pablo VI concluyese el Concilio Vaticano II, inventando la fórmula de las asambleas sinodales para darle continuidad formal, tanto San Juan Pablo II como Benedicto XVI y Francisco fueron entusiastas convencidos y comprometidos con la gran reforma conciliar, que cambió el modo de mirarse la Iglesia a sí misma y de mirar al mundo actual.
- Siguiendo con la misma clave hermenéutica, ¿cuál fue la “novedad en la continuidad” de su pontificado?
En primer lugar, estamos hablando del legado del primer papa americano: Es consabido que la incontestable e inabarcable novedad del Concilio Vaticano dio pie a un posconcilio con claroscuros, en el que el mayoritario desarrollo ordenado y auténtico del mismo, el de la letra y el espíritu de los textos conciliares, estuvo acompañado de minoritarios planteamientos, experiencias y procesos perturbadores, ya fueran como “huidas hacia delante”, ya fueran como rechazo del Concilio y vuelta nostálgica a posicionamientos integristas.
En este contexto, hay que destacar la experiencia sinodal de la Iglesia en los pueblos iberoamericanos con las sucesivas conferencias del episcopado latinoamericano y del Caribe (Medellín en el 68, Puebla en el 79, Santo Domingo en el 92, y Aparecida en 2007), y con sus correspondientes documentos, que no sólo desarrollaron la teología de la opción preferencial por los pobres, sino que acertaron a formular toda una suerte de desafíos y criterios para la evangelización tan importantes para la Iglesia universal. Exceptuando algunos teólogos españoles, el resto de la Iglesia no percibió la importancia de este movimiento de renovación misionera. Sin pretender interpretar los soplos del Espíritu Santo, se puede decir que la elección hace trece años del Papa Francisco y hace un año del Papa León XIV, parecen hacer justicia y, sobre todo, provocar en la Iglesia tanto europea como continental, un aprendizaje del movimiento latinoamericano.
En segundo lugar, es el legado de un Papa jesuita: Pocos días después de ser elegido el Cardenal Bergoglio sucesor de Pedro, el 13 de marzo de 2013, en la Fundación Crónica Blanca tuvimos un buen grupo de periodistas una cena con el cardenal Carlos Amigo, también ya fallecido, y tal vez el mejor amigo español entonces del cardenal Bergoglio. Le preguntamos por la personalidad del nuevo Papa y nos dijo: esencialmente es jesuita. Y como tal tened en cuenta que hay dos palabras que van a marcar su pontificado: discernimiento y determinación. Sobra explicar que dio en el clavo: puso a la Iglesia patas arriba en un proceso de discernimiento sinodal sin precedentes, y fue determinante y contundente con no pocas llamadas proféticas, como la del “doble descarte”, el eclesial y el social, el de los filtros y cerrojos con los que no dejamos entrar a muchos en la Iglesia, y el de los muros y alambradas con los que nos empeñamos en frenar la migración.
En tercer lugar, es el legado de un Papa innovador: los vaticanistas más competentes sabían que para suceder a Francisco la opción estaba, descartando los pocos críticos con su trayectoria, entre los más proclives a establecer y consolidar sus reformas (“consolidadores”), y los más atrevidos en emprender otras nuevas y acometer nuevos desafíos (“innovadores”). Si escrutamos la historia reciente desde este posible misterioso “patrón”, podríamos decir que, siempre en la convergencia entre novedad y continuidad, Francisco fue, con respecto a Benedicto XVI, un innovador, como San Juan XIII lo fue con respecto a Pío XII, y San Juan Pablo II con respecto a San Pablo VI. Demos o no por válida esta paradoja histórica, cabe intuir que León XIV esta por consolidar las reformas del innovador Papa Francisco, sin desdeñar sus propias decisivas y determinantes propuestas personales que ya están despuntando.
Dirigiéndose a los cardenales convocados en el consistorio de hace pocos meses, León XIV les dijo que su hoja de ruta para la Iglesia hoy seguía siendo Evangelii gaudium del Papa Francisco, cuya aplicación aún estamos muy lejos de haber realizado en la Iglesia. Por si alguno tiene la tentación de pensar que el legado del Papa Francisco pertenece al pasado, cuando la realidad está vivo y coleando en este nuevo tiempo de la vida de la Iglesia con el pontificado de León XIV.
EL PAPA FRANCISO, PROFETA DEL DIOS MISERICORDIOSO
- ¿Qué lugar ocupaba la misericordia de Dios en la mente y el corazón de Francisco?
El año de la misericordia por él convocado fue el cenit de su pontificado. Podemos decir que de 2013 a 2017 el Papa preparó a la Iglesia para este acontecimiento, y que desde 2017 a 2025 lo que hizo fue aplicar en todos los campos de la misión de la Iglesia el paradigma de la misericordia, el doble paradigma de la misericordia del perdón (la parábola del hijo pródigo) y de la misericordia ante los abandonados (la parábola del buen samaritano). Ahora bien, tanto en aquel año jubilar como a lo largo de su pontificado, se ha banalizado su insistencia en la misericordia. No tanto en el concepto en sí, que goza de un puesto central en la comprensión de la revelación y en la predicación evangélica desde siempre, el concepto de la misericordia, como con otros conceptos con los que el Papa Francisco trató de aplicar la “clave misericordia”: Iglesia en salida, Iglesia hospital de campaña, Iglesia que escucha y discierne sinodalmente, Iglesia de las periferias, etc…
- ¿Y qué lugar ocupaba la ternura de Dios en la mente y el corazón de Francisco?
Una segunda forma de hablar de Dios, que provocó un cierto escándalo en algunos supuestos “guardianes de la fe”, es la de Dios-Madre, en un sentido analógico (“el amor de Dios es como el amor de una madre”), para expresar la ternura de Dios: «Parece que nuestro Dios quiere cantarnos la canción de cuna. Nuestro Dios es capaz de esto. Su ternura es así: es padre y madre. Tantas veces ha dicho: Pero si una mamá se olvidara de su hijo, Yo no te olvidaré. Nos lleva en sus propias entrañas (…) Es el Dios que con este diálogo se hace pequeño para hacernos comprender, para hacer que nosotros tengamos confianza en Él y podamos decirle con la audacia de Pablo que cambia la palabra y dice: Papá, Abba. Papá… Es la ternura de Dios (…) Él es el grande, pero con su ternura se acerca a nosotros y nos salva. Y éste es el misterio y una de las cosas más bellas: Es el Dios grande que se hace pequeño y en su pequeñez no deja de ser grande. Y en esta dialéctica grande es pequeño: está la ternura de Dios. El grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande» (14/12/2017).
- A los sectores más conservadores, ¿les descolocó una encíclica sobre el Corazón de Jesús?
A algunos les extrañó que, al final de su pontificado, Francisco recuperase para la Iglesia universal una propuesta espiritual que en no pocos ambientes eclesiales sonaba a trasnochada, al escribir su última encíclica, Dilexit nos, sobre el “encuentro con” -y no solo “devoción a”- el Corazón de Jesús. En ella Francisco recuerda la permanente necesidad del ser humano de “volver al corazón” para unificar y armonizar la historia personal de los hombres y la misma historia de los pueblos, envuelta en conflictos devastadores siempre tentada a perder la mirada humana del corazón. Una propuesta que, más allá de lo espiritual, produce efectos inesperados, porque “tomar en serio el corazón tiene consecuencias sociales”. Y porque, si es verdad que “los desequilibrios que fatigan al mundo moderno están conectados con ese otro desequilibrio fundamental que hunde sus raíces en el corazón humano”, también es verdad que “el fermento evangélico ha despertado y despierta en el corazón del hombre esta irrefrenable exigencia de la dignidad”.
- ¿Y hasta del Espíritu Santo utilizo expresiones nunca antes dichas?
No tanto del Espíritu Santo en si mismo, sino de su acción en la Iglesia y en el mundo. Pocos días después de su elección, el Papa Francisco nos dejó una de sus expresiones más memorables, sin duda inusual en la predicación, y menos en la de un Papa. Nos dijo que “el Espíritu Santo nos da fastidio”. Explicaba que el Concilio Vaticano II no supuso una ruptura con la vida de la Iglesia anterior a él, pero si supuso una novedad. “Después de cincuenta años ¿hemos hecho todo lo que nos dijo el Espíritu Santo en el Concilio? No. Celebramos este aniversario casi levantando un monumento al Concilio, pero nos preocupamos sobre todo de que no dé fastidio. No queremos cambiar. Es más, existen voces que quieren retroceder. Esto se llama ser testarudos, esto se llama querer domesticar al Espíritu Santo, esto se llama convertirse en necios y lentos de corazón. No se puede domesticar al Espíritu Santo, porque Él es Dios y Él es ese viento que va y viene, y tú no sabes de dónde. Es la fuerza de Dios; es quien nos da la consolación y la fuerza para seguir adelante” (16/04/2013).
EL GRAN SUEÑO DEL PAPA FRANCISCO: UNA IGLESIA SINODAL Y “EN SALIDA”
- ¿Se ha entendido bien qué significó la apuesta de Francisco por la sinodalidad?
Me temo que no suficientemente. Pero si hay verdadera apertura a la acción del Espíritu Santo, y/o un poco de sentido común y apertura de mente, iremos no sólo entendiendo lo que es la sinodalidad, sino también habituándonos a vivir nuestras relaciones en la Iglesia y fuera de ella con una actitud y con un estilo sinodal. Se trata de una personal conversión de fe, consistente en dar un salto hacia un mayor asombro ante el misterio trinitario que conlleva un cambio en la manera de mirarnos a nosotros mismos, el misterio de la Iglesia y el horizonte de la historia de la salvación. Pero también se trata una conversión comunitaria, de una conversión eclesial, y de una conversión pastoral, que ponga patas arriba nuestro modo de convivir y de discernir, al servicio de la comunión, la participación y la misión.
- ¿Qué cambios reales puede suponer en la vida de la Iglesia?
Innumerables. Si en la Iglesia viviéramos la sinodalidad tal como nos la propuso el Papa Francisco, es decir, si en la Iglesia caminásemos juntos de verdad, no a medias, y no sólo a veces, según para que cosas, sino siempre y en todo, todo cambiaría radicalmente. Cambiaría el modo de entender y de vivir la comunión eclesial, de tal suerte que pasaría de ser una mera categoría teológica, es decir, un artículo de fe; o de ser una mera categoría espiritual, es decir, una necesaria, pero aún insuficiente conversión espiritual, a una experiencia comunitaria real, con cambios significativos tanto y en primer lugar en los procesos de participación como en segundo lugar en los procesos de discernimiento.
Muchos se preguntan: ¿cómo evitar que se reduzca a una cuestión organizativa o de estructuras? Pero también habría que preguntarse: ¿Y cómo evitar que se reduzca a una cuestión meramente espiritual y relacional? Los dos peligros dialécticos son reales. La escuela de la sinodalidad propone un proceso compartido en todos los niveles de la experiencia eclesial, y en todo el abanico de su pluralidad cultural, hacia una participación real, un discernimiento comunitario real, y una toma de decisiones en común real, buscando el verdadero consenso, que no es el consenso del sufragio, por otro lado válido y necesario en multitud de escenarios eclesiales, sino el consenso que tiene como meta alcanzar, por la sincera búsqueda de la verdad, el testimonio más verdadero.
- El Papa hablaba constantemente de una “Iglesia en salida”. Más allá del slogan, ¿qué significa este concepto?
Antes de su elección como obispo de Roma, en las Congregaciones Generales previas al Conclave, el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio se sirvió de unas notas manuscritas en una cuartilla para hablar a sus hermanos del colegio cardenalicio sobre la reforma de la Iglesia y el perfil del nuevo Papa que debían elegir. En ellas esta la primera definición de la Iglesia en salida hacia las periferias existenciales, a las que nos referiremos más adelante. En la última notan encontramos el eje principal de la propuesta de la “Iglesia en salida”: “En el Apocalipsis Jesús dice que está a la puerta y llama. Evidentemente el texto se refiere a que golpea desde fuera la puerta para entrar… Pero pienso en las veces en que Jesús golpea desde dentro para que le dejemos salir. La Iglesia autorreferencial pretende a Jesucristo dentro de sí y no lo deja salir (…) Hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí, o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí y para sí” (EA p.209-210).
Esta es la clave de la Iglesia en salida. La eclesiología desde el Concilio Vaticano II ya situaba el centro geométrico (en sentido analógico) de la Iglesia no en el centro del círculo que la engloba en medio del mundo, sino en la circunferencia que bordea ese mismo círculo: allí precisamente es donde queda delimitada, donde encuentra sus espacios fronterizos con el mundo, es donde está su centro, porque la Iglesia vive para la misión, no para sí misma. Pero lo que añade el Papa Francisco es muy novedoso, situándose en el ámbito no sólo de una revisión teológica sino en el ámbito de una profunda conversión pastoral, que parte del reconocimiento de un pecado colectivo muy grave, que consiste en poner impedimentos, filtros, cerrojos, en el encuentro entre Cristo Jesús y el mundo que nos ha tocado. Precisamente, mencionando ese “ante todos”, el Papa Francisco comentó que “si el cónclave es el momento del extra omnes, la Iglesia se caracteriza, en cambio, por el intra omens (…) Todos son llamados. Todos. Así que: todos dentro. Buenos y malos, jóvenes y viejos, sanos y enfermos”
- ¿Y qué implica esto en la práctica?
Implica que no sólo la Iglesia vive para la misión, y no para mirarse al ombligo, sino que en esta única identidad y tensión nada ni nadie puede frenarla, y menos que la misma Iglesia se encierre en una especie de refugio antimisiles para que los cambios en el mundo no la afecten, y cierre la puerta con llaves desde dentro, no dejando ni siquiera que su patrimonio, el de la Palabra de Dios y la gracia de Dios para los hombres, salga al mundo. Implica, como acabamos de recordar cuando lo explicó pocos dos días de ser elegido sucesor de Pedro, y previsiblemente fue elegido por haberlo explicado, que encerramos a Jesús dentro de la Iglesia y no lo dejamos salir al mundo con nuestros cerrojos y filtros que a la postre son cerrojos del miedo, y del prejuicio, cuando no de la discriminación.
También implica que una “Iglesia en salida” a su vez es “hospital de campaña”, y que por tanto opta siempre por reintegrar, y no por marginar, es una iglesia valiente que acoge a todos independientemente de su origen, de su raza, de su etnia, de sus ideas, de su manera de creer o de no creer en Dios, o de su orientación sexual. Confesaba al final de su vida el Papa Francisco que “a lo largo de mi vida pastoral, a esos hermanos y hermanas siempre los he recibido y acompañado exactamente como a los demás. Y, si algunos han experimentado en su propia piel el rechazo de la Iglesia, querría que supieran que en realidad se ha tratado del rechazo de una persona de la Iglesia: porque la Iglesia es una madre que convoca a todos”.
- ¿Qué resistencias está encontrando esta llamada dentro de la propia Iglesia?
Como siempre, la resistencia del integrismo, que hunde sus raíces, sobre todo, y desgraciadamente, en España, pero que con el pontificado del Papa Francisco encontró un potentísimo promotor, financiador y divulgador en todo el mundo que fue, y sigue siendo con León XIV, el movimiento neoconservador católico de Estados Unidos, herido por la herejía de la teología de la prosperidad (de la que se ha publicado recientemente un Pliego en Vida Nueva muy interesante). Movimiento que ya intentó que el Cardenal Bergoglio no fuera elegido -por no haber caído en las redes de sus lobby empresariales-, como ha intentado a su vez que no fuese elegido Rober Prevost por, entre otras cosas, atreverse a corregir al secretario de estado del gigante norteamericano, Marco Rubio, adicto a dicho movimiento.
- ¿Existe el riesgo de que el concepto de “Iglesia en salida” se quede en un eslogan?
Claro que existe. Como existe el riesgo de quedarse en slogans y en tópicos todos y cada uno de los conceptos que propuso el Papa y que fueron titulares en los medios de comunicación, sobre todo los conceptos de “discípulos-misioneros”, “Iglesia hospital de campaña”, “cultura del encuentro”, “periferias”, “descarte”, “hacer lío”, “primerear”, “balconear”, u “olor a oveja”.
De hecho, hay dos conceptos también slogan del Papa Francisco que dan la clave personalizada en cada bautizado del significado de la Iglesia “en salida”: el de “discípulos-misioneros”, y el de “los santos de la puerta de al lado”, ya que, a la postre, sólo una Iglesia en la que todos los bautizados se crean de verdad que además de estar llamados a ser discípulos de Cristo (que, ya de por sí, es una conciencia ausente de gran parte de los católicos incluso practicantes), están además llamados a ser misioneros, porque eso va ya en la mochila del discípulo, podrá realmente ser una Iglesia misionera. Y sólo una Iglesia en la que cada bautizado no solo o no tanto se sepa llamado a “ser santo”, concepto un tanto empañado de una mentalidad individualista de la salvación, sino que forma parte de un Pueblo, el “Santo Pueblo de Dios”, formado por “los santos de la puerta de al lado”, es decir, por personas frágiles y normales como él, podrá de verdad ser una Iglesia en salida en tanto en cuanto se consideré a sí misma pueblo del pueblo, vecina entre sus vecinos, que se hace uno con cada uno porque no es una Iglesia de santos no es una Iglesia de puros que segregada del mundo, sino una Iglesia de agraciados qué, como decía Charles Péguy, se embebe del don gratuito del amor de Dios precisamente porque no se identifica con “la gente honrada”.
EL PAPA FRANCISO, PROFETA DE LA FRATERNIDAD UNIVERSAL
- ¿Cuáles fueron las principales aportaciones del Papa Francisco a la Doctrina Social de la Iglesia?
Fueron tremendas. El Papa Francisco revolucionó, tanto en el contenido como en la forma de expresarlo, el desarrollo de la DSI que, por la propia naturaleza de sus temáticas, es la doctrina llamada a más cambios y progresos en el magisterio de los papas. En primer lugar, revolucionó el modo de concebir el cuidado de “la casa común” desde la teología de la creación. En segundo lugar, revolucionó el modo de juzgar críticamente el neoliberalismo antropológico y económico, que ya hicieron sus antecesores, pero con un énfasis y una contundencia especial. En tercer lugar, con el modo de proponer la fraternidad universal. Todo ello desde dos miradas genuinas desde la Iglesia en continuo proceso de conversión y de reforma: la mirada del servicio a la cultura del encuentro, y la mirada “localizada” desde la periferias geográficas y existenciales.
- ¿Por qué su primera encíclica, Laudoto Si´, no dejo a nadie indiferente, suscitando a la vez no pocos desaires dentro de la Iglesia y no pocos aplausos fuera de ella?
No todos se percataron de que no es una encíclica sobre ecología, sino una encíclica social que conecta la crisis ecológica con la crisis antropológica y social con gravísimas consecuencias ya ahora en la suerte de los empobrecidos del mundo, y a medio y largo plazo, en las nuevas generaciones que heredarán nuestros pecados contra la creación y contra los hombres que son su centro.
Huelga decir que la encíclica Laudoto Si´, valorada y agradecida en todos los ámbitos sensibles al cuidado del planeta en la comunidad internacional, e incluso reconocida como la carta magna de esta preocupación mundial, no fue muy bien acogida por amplios sectores neoliberales entre el clero y el laicado católico, no pocos de ellos además negacionistas del mismo fenómeno de la crisis ecológica. Tanto es así, que siete años después el Papa se vio apremiado a publicar una exhortación apostólica (Laudate Deum) como respuesta al negacionismo climático.
El integrismo religioso del siglo XXI es culturalmente negacionista. Todo lo referente a la defensa de la naturaleza le suena a ingeniería social maliciosa, bandera de grupos sociales considerados, por prejuicios ideológicos, ligados al laicismo. Sus seguidores no llegaron a leer ni la encíclica ni la exhortación. En cambio, amplios sectores de la comunidad intelectual, científica y política, de todo signo, se sorprendieron al ver que sus preocupaciones por el futuro del planeta y de la humanidad que lo habita tenían una proyección antropología, social y hasta teológica por ellos desconocida, y que más allá de sorprenderles les cautivo profundamente. Y sí, estos sí las leyeron, sobre todo la encíclica.
- Francisco puso a los pobres en el centro. ¿Fue una novedad o una recuperación?
Fue una recuperación que siempre es pertinente, porque siempre tenemos la tentación de olvidarnos de los últimos, precisamente por ser los últimos, pero también fue una novedad en el modo en el que Francisco propone una profunda renovación teológica del principio de la opción preferencial por los pobres, al dotar al concepto de pobre una nueva dimensión tanto en la visión conceptual por un lado antropológica (de la persona pobre y empobrecida a la persona descartada, abandonada, sola), y por otro lado sociológica (de la tensión opresor-oprimido a la relación dinámica entre integración y exclusión), como en la praxis (de la promoción superadora del asistencialismo, al cuidado y el acompañamiento que completa la promoción).
- ¿Qué diferencia hay entre la opción preferencial por los pobres y la opción preferencial por las periferias geográficas y existenciales?
No son dos opciones distintas ni contrapuestas. La opción preferencial por las periferias se inscribe en la opción preferencial por los pobres y a la vez la resitúa. Tiene que ver con esa reorientación antropológica, sociológica y teológica que desde la Teología del Pueblo de Dios se propone para resituar el lugar y la misión de la Iglesia: no los lugares donde el mundo enfoca su mirada como los más importantes, los que deciden el destino del mundo, los centros de poder político, cultural, y sobre todo económico. Son para la Iglesia en cambio los lugares que no son importantes para el mundo, que requieren una auto-descentralización, que se identifican con las periferias, que dibujan al tiempo un mapa geográfico, el de la pobreza y el olvido, y un mapa antropológico y existencial, aquellos donde el ser humano es marginado (el dolor, la injusticia, el pensamiento, la miseria) o es degradado (el pecado y la ignorancia y prescindencia religiosa).
- ¿Qué implicaciones tiene esta mirada con respecto a la concepción neoliberal de la economía de mercado?
Desde León XIII hasta hoy una constante de la DSI ha sido su permanente mirada crítica a la llamada “economía liberal de mercado”. Pero Francisco, sin duda, fue entre sus predecesores el más claro, contundente, y rotundo, en l denuncia de un sistema que favorece la injusticia social y que promueve una mentalidad materialista e insolidaria. Criticó la cultura del derrame, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Es más, su aseveración más provocativa que le ganó una campaña multimillonaria para acabar con su pontificado fue ésta: “Esa economía mata (…) Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil (…) Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera”.
- En el plano internacional, ¿cuál fue su principal propuesta para construir la integración social y la paz?
Fue una apuesta completa, que partía de una propuesta de conversión cultural en la que involucrar tanto a creyentes de otras religiones como no creyentes, la cultura del encuentro, que comportaba una proposición filosófica (sus cuatro principios sobre la realidad) y una valiente conclusión pedagógica: construir puentes en lugar de muros, para acabar con el miedo y los prejuicios ideológicos (xenófobos y racistas) al fenómeno migratorio. Su propuesta para perseguir la paz partía de una constatación realista de la situación mundial, hoy en día mucho más evidente que cuando él la denunció: que vivimos en una guerra mundial a pedazos.
- ¿Es verdad que a algunos no le gustó nada su insistencia en la “fraternidad universal”?
Así es. No fue el primero en utilizar este concepto en su magisterio, pero si el que más lo ha hecho. Se trata de un concepto que de hecho sólo se sostiene intelectualmente en la teología cristiana: la fraternidad universal pide una paternidad universal. Pero al tratarse de un concepto históricamente ligado a uno de los tres principios sociales y políticos de la ilustración francesa, junto a la igualdad y la libertad, a los integristas nunca les ha gustado. Francisco dedicó una de sus más importantes encíclicas, Fratelli Tutti, para promover la Fraternidad Universal. Fue su hoja de ruta tanto en sus diálogos ecuménico, interreligioso e intercultural, como en su mensaje espiritual durante la Pandemia del Covid. Y su apuesta más arriesgada es la de superar una supuesta “mística de la fraternidad”, tanto religiosa como laica, para proponer una “política de la fraternidad”, a nivel local, nacional e internacional, “porque un individuo puede ayudar a una persona necesitada, pero cuando se une a otros para generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos, entra en el campo de la más amplia caridad, la caridad política”.
- ¿Qué permanecerá de este pontificado dentro de 20 o 30 años?
Para la sociedad uno de sus más insignes referentes morales, uno de sus mejores defensores de la fraternidad universal. Para la Iglesia desde luego no sólo un número en el listado de los sucesores de San Pedro, o un medallón más en San Pablo Extramuros. Quizá la inspiración y la protección de un santo, pero sobre todo creo que lo que permanecerá de él, casi nadie pensará que fue obra suya: un modo nuevo de concebir y de conducir la Iglesia, y un modo nuevo de mirar al mundo y de intentar mejorarlo.
Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Cultura de la Archidiócesis de Madrid y presidente de la Fundación Crónica Blanca.


