DOM. XXX TO ciclo A (25/10/2026): TODO TU SER
“Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”, es decir, toda la Sagrada Escritura. La que hoy hemos proclamado y la que escuchamos cada domingo en la Santa Misa del Día del Señor.
- Ya en el libro del Éxodo la revelación genuina del Dios que libera a su pueblo es clara y extremadamente insistente: al Dios compasivo lo que más le importa es que los hombres seamos compasivos los unos para con los otros.
- No hay amor al prójimo más hondo del que nace del amor a Dios, del que, como el salmista, exclama, “yo te amo Señor, tú eres mi fortaleza” (salmo 17),
- Y no es posible amar a Dios, verdadera y sinceramente, “servir al Dios vivo y verdadero” como dice Pablo en su Carta a los Tesalonicenses, sino amando al prójimo.
- Hasta los judíos, aún no habiendo conocido la revelación máxima del amor de Dios manifestada en Cristo Jesús, tienen en el dintel de las puertas de sus casas la consigna que Jesús, interrogado por un fariseo, responde en el Evangelio que acabamos de escuchar: “Escucha Israel: Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser; y al prójimo, como a ti mismo”.
“Escucha Israel”, el Shemà, es para los cristianos (además de para los judíos, nuestros “hermanos mayores” como los llamaba San Juan Pablo II) la principal hoja de ruta de toda nuestra vida, que por Jesús tomó en los dos verbos de la sentencia divina una triple dirección:
- Primero: triple dirección en la Escucha: Dios nos pide que lo escuchemos, pero porque Él nos escucha a nosotros primero (es siempre el primero en amar), y haciéndolo, nos enseña no sólo a escucharlo a Él, sino también a escuchar (atender, detener la mente y el tiempo, acoger, hacer el vacío, etc..) a los demás.
- Y segundo: triple dirección en el Amor: El Amarás al Señor con todo tu corazón, tu mente y tus fuerzas, es fruto de que Él primero, desde que nos soñó, nos ama con todo su corazón, su mente y sus fuerzas. Y a su vez, el mandato se trasforma, por manifiesta voluntad suya, en otro nuevo: “amarás al prójimo con todo tu corazón, toda tu mente, y todas tus fuerzas”.
Cuentan del Cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid entre 2014 y 2023, que un día volviendo a pie de noche a su casa, a la puerta se encontró a unos jóvenes un tanto ebrios que se burlaban de él. Se acercó a ellos con gesto sereno y humilde y les dijo que no era su enemigo, sino su amigo, y que les invitaba a entrar en su casa. Se quedaron callados y aunque sorprendidos, no le hicieron caso. Pero uno de ellos volvió al día siguiente y preguntó por el obispo. Lo recibió y hablaron largo y tendido, y no una sola vez, sino muchas veces. Luego aquel joven entró en el Seminario.
- El Cardenal Osoro siempre nos decía que nuestro único tesoro es el Evangelio, y que este es “claro, diáfano, contundente, firme, esperanzador, realista… y cambia el corazón”. Y también que para el cristiano no existen los enemigos, porque en Dios Padre todos son hermanos.
- Y tú, y yo…, pensémoselo bien, pues vivimos inmersos en un clima de violencia física y verbal, de tensión, y de polarización, imparables. ¿Consideramos absolutamente inseparables el amor a Dios, o al menos el temor de Dios, del amor al hermano? ¿Qué amar a Dios “con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” es inseparable del “amar al hermano”? No lo desdeñemos, éste es el único propósito vital verdaderamente inteligente que podemos tener, pues como decía San Juan de la Cruz, en el ocaso de nuestra vida, “seremos examinados en el amor”.
Manuel María Bru Alonso. Delegado Episcopal de Cultura de la Archidiócesis de Madrid.


