DOM. XXIX TO ciclo A (18/10/2026), DIOS Y EL CÉSAR
La Palabra de Dios nos desvela que ningún poder de este mundo está por encima de Dios, ni puede doblegarle:
- El profeta Isaías dice sin reparo que Dios doblegará a las naciones, y desceñirá las cinturas de los reyes. Porque él dice: “Yo soy el Señor, y no hay otro”.
- “Postraos ante el Señor”. Y esta llamada no tiene excepciones “vip”. El mismo salmo 95 lo dice a renglón seguido: “El Señor es Rey, la gobierna los pueblos rectamente”
- Para San Pablo, como testimonia en su carta a los Tesalonicenses, los cristianos no tenemos otro Señor que Jesús, porque él nos ha elegido, y contamos con la fuerza Del Espíritu Santo.
- Y, por último, Jesús responde a los fariseos con la sentencia que determinará la novedad para entender la justa relación entre la condición de creyente y la condición de ciudadano: “Dad a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del César”.
Con este principio, Jesucristo cambió la historia de la relación entre la pertenencia a la comunidad religiosa y la comunidad política, principio que la Doctrina Social de la Iglesia aplica hoy a la realidad social y política:
- La separación entre los deberes como creyentes y los deberes como ciudadanos, que Jesucristo establece, supone el origen de la desacralización del Estado, y por tanto de la democracia.
- Jesucristo establece el criterio de la sana laicidad. Esta es la conclusión a la que llega Benedicto XVI. Ni las teocracias, ni los estados confesionales, ni los países laicistas, respetan la sana laicidad, basada en la libertad religiosa, la autonomía de ambos tipos de instituciones, y la colaboración entre ellas.
- El “dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, establece como debe ser la relación entre el Estado y la sociedad:
- Ante lo que la Iglesia hace social y espiritualmente para la comunidad, el Estado puede facilitarlo por qué sirve al bien común, pero no ocupar ese espacio con su paternalista poder.
- Así, del mismo modo que el Estado no debe ahogar a la sociedad civil (las iniciativas sociales y culturales que surgen de los ciudadanos), tampoco debe ahogar a la Iglesia ni al resto de las confesiones religiosas en su iniciativa tanto cultural y social, como propiamente religiosa.
Y este principio sustenta a su vez la auténtica libertad religiosa. Pongamos dos ejemplos: de la libertad religiosa defendida por el poder y de la libertad religiosa defendida por la Iglesia:
- Desde el poder: Cuando el profesor Tierno Galván fue alcalde de Madrid, aun siendo agnóstico, contribuyó desde el Ayuntamiento a la terminación de la Catedral de la Almudena, porque era un bien social para la ciudad. Y no quiso retirar el crucifijo de su despacho, por ser el signo más universal del amor, del perdón y de la convivencia entre los hombres.
- Y desde la Iglesia: los misioneros se juegan la vida, y no pocos de ellos la pierden, por defender ante los poderos la dignidad de los hombres y de los pueblos que misionan. El Papa León XIV da testimonio de ello en su mensaje de este día, Jornada Mundial de la Misiones, como misionero en Perú, y ahora como principal faro moral para toda la humanidad.
Y tú, y yo… ¿separamos al cesar de Dios no ideologizando nuestra fe, y al mismo tiempo, defendemos la libertad de la Iglesia para que no esté sometida al poder? Todos formamos parte de la vida pública, todos podemos hacerlo, sino todos, casi todos los días.
Manuel Mª Bru Alonso, delegado episcopal de Cultura


